La esquina Santos-Cañete en Acahay. Foto: Natalia Santos (tomada con Samsung, tratada con PicMonkey).
Húmedo, incómodo, triste...
(pero de espesura diferente)
Un retorno a la infancia...
(pero sin sabor a inocencia)
Puertas, ventanas, rejas...
(pero cerradas en otros tiempos)
Fotos, recuerdos y nombres
(pero que se clavan en el pecho)
Ramas...
(pero algunas ya secas)
Tierra...
(pero de la que ya no abona)
Paredes...
(pero de las que separan)
Raíces...
(pero de esas que ahogan).
¿Un corte?
(pero ¿se puede?)
¿De raíz?
(pero ¿y si te adhiere fuerte?)
A un año del estreno de Adiós Rohejata... este regalo de la Janela de Dramaturgia llegaba a la portería de mi departamento. La sola vista de las hermosas estampillas amarillas ya me despertaron una sonrisa. Había seguido a través de las redes el evento de lectura. Disfruté las fotos y amé el dibujo que saltó de la cabeza del artista que en vivo retrató lo que para él era ese nuestro universo de cajas.
Adiós Rohejata descansá... con las cajas apiladas... Ahora la cabeza está en otra parte... Pero el trabajo en proceso que se estaciona... madura. Ya estarán de vuelta las mudanzas, las ideas y venidas (que tanto extraño) con Ruth, Arturo, Ariel, Nata, Adri, Pauli, Clari y Hernán. Se instalarán las canciones, los sonidos... y se sumarán nuevas miradas, nuevas reflexiones... de esas que cobran forma después de un rato y que tal vez le den su justa medida a las cosas.
Adiós Rohejata (no voy a dejarte) sólo me voy un ratito a buscar más preguntas, más respuestas, ahí junto con Hernán (Guada, Joaquín, Ariel y Pao) en algún rincón inexplorado de nuestra (ã)LMA.
-Ruth, Adiós se va a leer en Brasil y yo les mandé el texto lo más neutro posible, pero después me pidieron el texto con el guaraní, y les mandé y ahora quieren leer con el guaraní, y quieren que yo les grabe referencias, y vos sabés que yo no pronuncio bien. Les expliqué con vergüenza que no soy guaraní parlante, que entiendo pero no hablo y que armé las partes con ayuda de todos. Te tengo que grabar, por favor. Ya les mandé un video, pero quieren algo más concreto. ¡Ayuda! Más o menos ese fue el pedido de socorro. Al día siguiente con el celular, uno "más babado" -calificación que hizo Ruth de mi teléfono corporativo- grabamos la batería de audios para Belo Horizonte.
De vuelta en casa me invadió otra vez el cuestionamiento sobre cómo es que no aprendo el guaraní o más bien cómo es que no me tiro a hablarlo aunque sea un poco. Ese guaraní que escuché toda la vida en casa de mi abuela, en Acahay (pero que no se hablaba en mi casa, aún cuando mi papá era un migrante campo-ciudad), el que usaban los adultos cuando se contaban secretos y que servía (según creían) para dejarnos excluidos. Noté que siempre me lo presentaron como "distancia", como "muro", como "prohibición", como algo que no era mío, como algo de "los grandes". Algo que se tiene que "hablar bien o no se habla". Y crecí con una extraña fascinación por ese "secreto", por eso "ajeno", pero que sin embargo entendía y que podía sentir adentro (algo parecido me pasa muy inexplicablemente con los tambores del candombe, cuyo retumbar me hace llorar siempre, siempre, siempre).
Ese guaraní que me enseñaron en el colegio y en la facultad (razón por la cual por lo menos lo puedo escribir precariamente) no me alcanza, solo evidencia mi cojera: soy una silla de tres patas. Puedo reírme del chiste o temblar ante el golpe del agravio, pero no puedo dar esa réplica picante o filosa cuando se requiere. Así, muchas veces, tuve que quedarme callada en el móvil del diario escuchando los comentarios de los choferes, para finalmente muy pichada decirles: -¿Eso piensan de mí? o -¿Creen que porque no les contesto no entiendo?
Y poco a poco tuve que abrazar mi contradictoria condición de paraguaya que no habla guaraní; reconciliarme con la decisión de mis padres de callar ese idioma que trajeron del campo, pero que a ellos ya les prohibieron hablar. Asumí que era cosecha de la grieta. Soy un fruto injertado. Hay momentos históricos y culturales que se cristalizan en mí, en mis hermanos y que marcaron a toda una generación de hombres y mujeres a los que se les había arrancado la lengua. Soy (y no). Estoy partida en dos. No soy bilingüe.
Y es así, que Adiós Rohejata es una muestra de esa dicotomía: Mi raíz, como las raíces de mi madre, de mi padre, de mis hermanos... está quemada. Yo sin haberme movido, soy una exiliada, una migrante, una expulsada de esa cultura que debia incluirme, que tendría que haberme alimentado con su voz, con su dolor, con calor y su belleza. Estoy incompleta. Soy una penitente que duda cada vez que debe pronunciar algo frente a otros. Soy una ventana con rejas. Soy hija del desarraigo.
Un universo compactado. Esto es lo que se ve en esta foto de registro que hizo Clari (que tenía como fin mostrar el volumen de la escenografía reducida a su punto de partida: cajas plegadas).
La practicidad pudo contra la emotividad que pudo haber -en algún momento- desatado un suspiro. "Desarmemos todo", dijo la sobrina sin piedad. "Hagamos", contesté entonces. (¡¡¡Qué mucho que les pensé en ese momento a Adri Ovelar, a Ever y a Verita!!!).
Nuestra mudanza tenía que achicarse y (valga la redundancia) mudarse. En la labor nos embarcamos durante dos noches Clarisa, Hernán, Zorro, Pauli y yo (juntos y por separado, y en equipos mutables).
Adiós Rohejata agradece a Nhi Mu (a Selva Fox que acompañó la obra desde que estaba en el papel, que nos ayudó a recolectar, a armar la escenografía y hasta nos diseñó las luces) y que albergó durante mucho tiempo nuestras cajas en su máximo esplendor (y tamaño).
Gracias también al generoso amigo de Pauli que nos prestó la camioneta y que nos ayudó en los viajes hasta el espacio que no tiene nombre aún.
Y por último, gracias totales a los valientes Niqo, Pauli y Wolfi que están a la cabeza de un emprendimiento que suma una nueva opción al circuito artístico alternativo; y que tan generosamente nos abren ya la puerta de su casa. (Ya estrenaré "El Laberinto" y tendré tiempo sumarme a las mingas de limpieza).
Nuestro mundito cartenero (que creemos está estacionado) tiene ganas de volver a armarse y seguir en movimiento, en mudanza creativa constante.
-Hagamos (me dicen los nostálgicos).
-Hagamos (digo en medio de mis otros ensayos).
-Hagamos (repetimos con un colega director que también busca un momento para reprisar su obra).
Supongo que el coro de "hagamos" tendrá en su momento, su momento de ponerse en marcha.
Desde la ventana de Mauri, una tarde de Adiós. Foto: Natalia Santos.
Jueves, interior noche, departamento.
Ella/yo en el tiempo límite. Rindiéndose/nos/me ante la imposibilidad de escribir para un concurso que se postergó mil veces, como si estuviera esperando. Con la cabeza enredada en un "Hilo" que ya se vislumbra, pero que aún no está para la trama, ni para la hoguera. Simplemente no está listo. ¿Por qué? Porque todavía retumba el Adiós y las miles de correcciones escénicas que alguna vez se deben hacer, porque ella/yo lo vimos y nos atormentan. Porque es/fue/será un trabajo en proceso, mientras pueda escribirse/ensayarse/montarse/mostrarse. Tiempo, tiempo que latió y late. Mucho tiempo que comió, bebió, soñó y sufrió en una cabeza que no para¿ba?
Ella/yo buscando (en el ando ando) hallan (hallazgos del olvido-como ese atadito de dinero que escondemos y que se hace ver cuando más necesitabamos un respiro) un fragmento de algo que surgió cuando caminaba en la vereda de un proceso ajeno, un trabajo que nunca llegó, que se disolvió, que se quedó suspendido en el suspenso. Y Ella/yo leyó/í esas palabras, suyas/mías y se ajustaron/ajustan. Son la vorágine, son el dolor del pensamiento, son... eso que llega para mostrarle/te como en un sueño lúdico/lúcido que sabé/s en dónde está/estás; que sabé/s qué es lo que no sabé/s... Que tres años después, esas palabras que ella/yo/vos dedicó/dediqué/dedicaste a otras personas están ahí para que las leá/s. Porque el parto doloroso de otras, es tuyo, hoy.
De algún momento en que miré el suelo... y me pareció un buen lugar. Foto: Natalia Santos.
HASTA
Hasta en el cementerio crece la
hierba...
sudan las ramas, los yuyos, las flores.
Hasta en el infierno hay amores,
de esos que son turbios, duros,
atroces.
Hasta en el grito hay un momento de
silencio,
de respiro, de latido, de espera
cansada y despierta.
Rasguño y herida, hambre y semilla,
memoria y llanto
Porque la vida se alimenta de mierda,
porque la mierda es abono, porque el
abono es suelo
y en el suelo -en el suelo de una- se
piensa
El sueño no alcanza, la
paz se escurre,
la rabia muerde sin dientes, con
dolor, pero sin sangre...
PD:
Faltan unos mensajes al "inbox" con pedidos de disculpas (e incluso
felicitaciones) y unas rectificaciones que hubiese sido bueno (para
todos los involucrados y para el ambiente artístico en general) que se
publicaran en lugares visibles (como lo fueron en su momento las
acusaciones). Pero esos escritos vamos a mantenerlos en privado, por
pedido de la otra parte. Estas líneas solo quieren dejar constancia de
su existencia.
En 2013, de manera callada y con un grupo muy específico de
personas, se empezó a gestar Adiós Rohejata. Sólo había un texto en prosa
poética que hablaba de un despojo, de un adiós forzado, de una despedida que
dejaba una ausencia cuyas repercusiones se sienten varias generaciones después.
Era algo que tenía que ver conmigo, con mi familia y con lo que pasa con muchas
familias paraguayas que desde hace décadas lidian con la migración y el desarraigo.
Había abierto mi caja de recuerdos, una cosita de cartón que
tenía miles de chucherías, de cartas, de fotos, de llaveros con llaves que ya
no abrían lugares que alguna vez sentí míos. Había algo que pulsaba en mi
pecho, algo que quería decir con todas mis fuerzas.
En octubre de ese
año, eso que iba tomando forma en mi cabeza generaba tantas inquietudes que
decidí ir a ver teatroa Buenos Aires al
FIBA. Me quedé en casa de una amiga entrañable que
me escuchaba, que leyó mis primeras notas. Con su ayuda y la de otras personas busqué
libros que hablaban sobre lo íntimo, sobre la construcción de la memoria, sobre
los recuerdos, sobre la idea de partir para crecer, para mirar hacia adelante
(aún cuando no sea una ida física).
A varias personas de mi entorno empecé a hacerles escuchar
canciones que sonaaaaban mi cabeza, les mostré fotos, videoclips de los 90. Llegó la canción de Quemil Yambay para
retumbar; la había traído Hernán en un
momento de búsqueda suya, queríamos hacer y decir cosas, y nos encontramos sin
pensar en una búsqueda similar...Un día
me doy cuenta que el proceso no tenía marcha atrás, le hablo a Mauri y le digo…
“Veo una casa que se desarma, una casa que son los recuerdos, una foto, algo
que es para guardar”.Le muestro videos…
de esos que tanto veíamos los de mi edad en MTV, Torn de Natalie Imbruglia,
Thank you de Dido, más tarde (y de la mano de Ariel, otro de los involucrados,
llega Little Boxes de Walk Off The Earth y su universo de cartón). El crea todo un universo sobre eso.
Empezamos a producir
un teaser, para poder hacer visible una idea que aún estaba en gestación, algo
que pudiésemos mostrar a las empresas en búsqueda de posibles auspicios para
algo que parecía era un sueño inmenso y que necesitaría una financiación
importante.
En diciembre de 2013 –y con mucha ayuda de los amigos y el
dinero de mi aguinaldo- grabamos un material con el elenco que tenía en mi
cabeza por aquel entonces.Ya estaba
instalada la idea de la mudanza, del armar y desarmar espacios, del
instagramear, de proyectar imágenes. Poco después convoqué al equipo con el que
quería trabajar, les leí mi texto, el que finalmente nos sirvió de guía en la
búsqueda de Adiós Rohejata.Hasta presenté
el proyecto a un Centro Cultural, que me dio respuesta los primeros días de
enero de 2014. La obra ya tenía sala, pero el grupo humano involucrado y yo habíamos
iniciado un proceso para otra pieza teatral. Eso, la necesidad de someterme a una
operación de vesícula, el embarazo de una de las actrices... hizo que entre abril y
mayo de 2014 empezara a dudar sobre mis fechas y que finalmente decidiera
postergar el estreno que debía darse en setiembre de 2014.Comuniqué la suspensión en junio.
Durante todo ese tiempo (y desde antes) para canalizar la
ansiedad del proceso creativo empecé a tomar fotos con mi celular y a escribir
un blog de notas que compartí con los amigos (aún cuando el blog es público, no
le hice publicidad). Registré mis viajes, mis vivencias, mis dolores, mis recuerdos,
mis angustias, mis alegrías, mis descubrimientos.La caja de recuerdos, la mudanza, impregnaba
todo en mi cabeza.Mis fotos de
referencia iban y venían en un grupo que armamos para trabajar en
Facebook.
Los compañeros de “En borrador…” viajaron; y poco antes del
viaje, compartieron una imagen:Una
pareja en medio de cajas, era la obra de un grupo europeo. “Usan cajas también,
me quiero morir”, le dije a alguien.“Qué
pavada decís, los elementos se repiten, en el arte no hay ya nada nuevo”. Me
sentí boba, sí, porque sabía que era verdad, que yo no iba a contar nada nuevo,
solo algo humano que se repetía desde siempre: la despedida, la separación, la
búsqueda, el viaje que hacemos todos hacia nosotros mismos.Y seguramente las formas y disparadores
también venían del imaginario colectivo. Entré a Google y me reí, había cajas por todo
el mundo, en tantas obras y contextos, tantas veces utilizadas que yo tuve
vergüenza de mi simpleza, de mi miedo.También
vi cajas en el ámbito local (me gusta ver teatro y danza, de hecho he escrito comentarios como periodista sobre varios espectáculos). Ante mis posibles
temores siempre resonaba “en el arte no hay ya nada nuevo” y me calmaba. Seguí
investigando, sola y en compañía de otras personas todo el tiempo.
Cuando retomé el trabajo que ya guardaba mayor relación con la
obra en sí, y ante idas y venidas de gente que originalmente iba a ser parte de
la obra (tuvimos muchos adioses en el medio), me encontré con maravillosos profesionales que le dieron su mirada y
su impronta al concepto original. Gente que no
sólo le pone sus conocimientos, sino que además entrega su corazón cuando
crea.En compañía de ellos –que se suman
de manera cooperativa, o sea a riesgo de taquilla- seguimos el camino, juntando
cajas (que son parte íntima de nuestro concepto), armando espacios, videos,
pensando en vestuarios, en música… GRACIAS A TODOS ELLOS por creer, por sentir,
por vivir, por dar forma y alma a Adiós Rohejata.
Adiós Rohejata llegó a escena después de un camino muy
sincero de elaboración.Hicimos un trabajo muy
arduo de producción (marcado por muchos "no"), una tarea realizada de manera independiente (las ayudas oficiales
otorgadas nada tienen que ver con el dinero).
Antes del estreno, debido a lo documentado que está nuestro
trayecto creativo y a los amigos que nos hicieron el contacto, recibimos una
invitación a Salta. Un precioso centro
cultural con sala propia nos invita a ir con el trato 70/30 de boletería (sí, ellos
son independientes también y tampoco tienen dinero para pagarnos traslado y viáticos). Por
eso, buscamos ahora la manera de llevar nuestras cajas, de pagar nuestros
pasajes, de seguir nuestra mudanza.
Este fin de semana volvemos a escena, en el CCPA (que nos
apoya). Invitamos al público, a los colegas, a los amigos, a la gente de
prensa, a los artistas de todas las áreas a vernos, a mirar nuestra labor, a
descubrir eso que estamos haciendo con esfuerzo, con responsabilidad, con
verdad, de manera abierta (porque incluso nuestro proceso creativo estuvo a la
vista de todos) y sobre todo con amor. Adiós Rohejata, es un trabajo que a mí a y a todo el equipo nos late en
el corazón.